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El Ártico no está descongelándose cada vez más tiempo: entró en una etapa más variable

Madurez: experimental

El Ártico no está descongelándose cada vez más tiempo: entró en una etapa más variable

Durante décadas, la temporada de deshielo del hielo marino del Ártico se fue alargando de manera clara. El hielo comenzaba a derretirse un poco antes, pero, sobre todo, tardaba cada vez más en volver a congelarse en otoño.

Un nuevo análisis indica que ese alargamiento dejó de avanzar de forma sostenida alrededor de 2010. Desde entonces, la temporada de deshielo se mantiene, en promedio, cerca de los 108 días, pero con grandes diferencias entre un año y otro.

Esto no significa que el hielo se haya recuperado ni que el calentamiento del Ártico se haya detenido. Lo que cambió es la forma en que responde el sistema: el hielo es ahora más delgado y más estacional, y la duración del deshielo depende más de las condiciones atmosféricas de cada año.

Qué es la temporada de deshielo

El Ártico está cubierto por hielo marino, es decir, agua del océano que se congela durante la parte fría del año. Ese hielo no permanece igual todo el tiempo:

  1. durante el invierno, crece y se extiende;
  2. en primavera, comienza a derretirse;
  3. en verano, pierde parte de su superficie y espesor;
  4. en otoño, vuelve a congelarse.

La temporada de deshielo es el período que comienza cuando aparecen señales persistentes de fusión en la superficie del hielo y termina cuando el hielo vuelve a congelarse de manera estable.

No se trata simplemente de contar los días con temperaturas superiores a cero. El objetivo es detectar cuándo la nieve y el hielo empiezan a contener agua líquida y cuándo esa superficie vuelve a endurecerse.

Por eso, los científicos distinguen dos fechas:

  • inicio del deshielo: el momento en que la superficie nevada del hielo comienza a derretirse;
  • inicio de la congelación: el momento en que termina la etapa de fusión y la superficie vuelve a congelarse.

La duración de la temporada es la diferencia entre esas dos fechas. Si el deshielo empieza antes o la congelación llega después, la temporada se alarga.

Cómo se puede observar el deshielo desde el espacio

Los satélites utilizados en este estudio no fotografían únicamente el hielo. También miden cómo emite y refleja energía en forma de microondas, una clase de radiación invisible para el ojo humano.

La nieve seca y la nieve mojada producen señales diferentes. Cuando aparece agua líquida dentro de la nieve que cubre el hielo, cambian sus propiedades físicas y también cambia la señal de microondas que recibe el satélite. Algo parecido ocurre cuando la superficie vuelve a congelarse.

El estudio utiliza observaciones de varios instrumentos que mantuvieron un registro continuo desde 1979:

  • el radiómetro SMMR del satélite Nimbus 7;
  • los instrumentos SSM/I;
  • sus sucesores, los SSMIS.

La ventaja de estas mediciones es que permiten observar grandes regiones del océano Ártico todos los días durante más de cuatro décadas. Aunque ofrecen menos detalle espacial que algunos sensores modernos, resultan especialmente útiles para detectar tendencias a largo plazo.

Con esas señales, los investigadores estiman para cada zona cuándo se produjo el deshielo y cuándo comenzó la congelación. Después combinan la información regional para calcular la evolución de la temporada en todo el Ártico.

Qué ocurrió antes de 2010

Entre 1979 y aproximadamente 2010, la temporada de deshielo se alargó unos 40 días. El cambio no se debió principalmente a que la fusión comenzara mucho antes en primavera.

La mayor parte del alargamiento se produjo porque el hielo tardó más en congelarse en otoño:

  • el inicio del deshielo se adelantó alrededor de 7 días;
  • el inicio de la congelación se retrasó aproximadamente 34 días.

En otras palabras, durante ese período el cambio más importante no fue tanto “derretirse antes”, sino “seguir sin congelarse durante más tiempo”.

El fenómeno coincidió con una reducción marcada del hielo marino, en particular del hielo multianual. Este es el hielo que sobrevive al menos un verano y puede acumular varios años de crecimiento. Es más grueso y resistente que el hielo que se forma y desaparece dentro de un mismo año.

A medida que disminuyó el hielo multianual, aumentó la proporción de hielo más joven y delgado. También quedaron expuestas superficies de agua más extensas durante el verano.

Por qué el agua abierta puede prolongar el deshielo

El hielo y la nieve son superficies claras: reflejan una gran parte de la luz solar hacia el espacio. El océano abierto, en cambio, es oscuro y absorbe mucha más energía.

Esta diferencia forma parte de la llamada retroalimentación del hielo y el albedo. El albedo es la capacidad de una superficie para reflejar la radiación solar:

  1. el hielo blanco refleja buena parte de la luz;
  2. si el hielo se derrite, queda expuesto el océano oscuro;
  3. el océano absorbe más energía;
  4. esa energía calienta el agua;
  5. el agua tarda más en enfriarse y congelarse;
  6. la congelación otoñal se retrasa.

Ese mecanismo puede prolongar la temporada de deshielo y favorecer una mayor pérdida de hielo. También puede mantener el océano relativamente cálido después del verano, dificultando que la nueva capa de hielo se forme rápidamente.

Durante las décadas en las que el Ártico perdió grandes cantidades de hielo multianual, esta retroalimentación ayudó a explicar por qué la congelación otoñal se fue retrasando.

Qué cambió después de 2010

El nuevo análisis encuentra que, entre 2010 y 2023, la duración promedio de la temporada se mantuvo cerca de los 108 días. No aparece una tendencia clara y constante hacia temporadas cada vez más largas.

Pero “estable” no significa uniforme. La duración varió mucho de un año a otro, con diferencias cercanas a 11 días alrededor del promedio.

Así, el patrón reciente no es el de una temporada que se alarga regularmente, sino el de un sistema con dos características simultáneas:

  • una duración media relativamente estable;
  • una variabilidad anual elevada.

Un año puede tener una temporada considerablemente más corta y el siguiente una mucho más larga, según las condiciones meteorológicas, la nubosidad, los vientos y el estado del hielo.

El análisis completo de 1979 a 2023 también muestra que las tendencias no fueron iguales durante todo el período. Hubo décadas de alargamiento marcado, como 1980-1989 y especialmente 2000-2009, intercaladas con períodos de mayor variabilidad y sin una tendencia estadísticamente clara, como 1990-1999 y 2010-2023.

Por qué el hielo más delgado cambia la respuesta del Ártico

El hielo multianual funciona, en cierta medida, como una reserva de hielo grueso. Aunque puede derretirse, necesita mucha energía y tiempo para desaparecer por completo.

El hielo estacional es diferente. Se forma durante el invierno y puede derretirse casi por completo durante el verano siguiente. Su espesor y su supervivencia dependen más directamente de las condiciones de ese año.

Cuando una mayor parte del Ártico está cubierta por hielo delgado y estacional, pequeños cambios en la atmósfera pueden tener efectos grandes:

  • una primavera más cálida puede adelantar la fusión;
  • una mayor nubosidad puede reducir la energía solar que llega a la superficie;
  • una tormenta puede romper y desplazar el hielo;
  • vientos persistentes pueden abrir zonas de agua;
  • una atmósfera más fría puede retrasar el deshielo o adelantar la congelación.

Por eso, la pérdida del hielo multianual no produjo necesariamente una nueva tendencia lineal indefinida. También hizo que el sistema fuera más sensible a las condiciones particulares de cada temporada.

El posible papel de las nubes

La cantidad de energía que llega a la superficie depende, entre otros factores, de la radiación solar y de las nubes.

Las nubes pueden tener efectos opuestos:

  • durante el verano, pueden bloquear parte de la luz solar y reducir la energía disponible para derretir el hielo;
  • en otras situaciones, pueden retener radiación emitida por la superficie y contribuir a mantener temperaturas más altas, especialmente durante períodos fríos o de transición.

Según la interpretación del estudio, desde alrededor de 2010 ciertos cambios en la nubosidad redujeron parte de la radiación solar que llegaba a la superficie en algunas regiones. Eso habría debilitado la retroalimentación por la que el océano oscuro absorbe cada vez más energía y prolonga el deshielo.

No significa que las nubes hayan revertido la pérdida de hielo. Más bien, podrían haber compensado parcialmente uno de los mecanismos que antes empujaban la temporada hacia una duración mayor.

Qué cambió respecto de lo que se sabía

Antes de este análisis, la imagen principal era relativamente sencilla: a medida que el Ártico se calentaba y perdía hielo, la temporada de deshielo se alargaba.

Esa descripción sigue siendo válida para el conjunto del período 1979-2023. En esos 44 años, la temporada aumentó unos 40 días.

Lo que cambia es la interpretación de los años más recientes. Los datos sugieren que el Ártico no está siguiendo una única tendencia continua. Está atravesando distintos regímenes:

  • primero, una etapa de alargamiento;
  • después, una etapa de alta variabilidad sin una prolongación sostenida.

Esto obliga a distinguir entre dos preguntas diferentes:

  1. ¿La temporada de deshielo es hoy más larga que a fines de la década de 1970?
    Sí. El aumento acumulado es considerable.

  2. ¿La temporada sigue alargándose año tras año al mismo ritmo?
    No hay evidencia de una tendencia clara desde aproximadamente 2010.

La ausencia de una tendencia reciente no borra el cambio acumulado. El Ártico actual sigue teniendo mucho menos hielo y un hielo más delgado que décadas atrás.

Por qué este cambio importa

La estabilización aparente importa porque muestra que la respuesta del sistema climático puede cambiar incluso mientras continúa el calentamiento general.

Si solo se observara la duración media de la temporada, podría parecer que el problema dejó de empeorar. Pero esa conclusión sería equivocada por varias razones.

No es una recuperación del hielo

El hecho de que la temporada no se alargue más no significa que el hielo haya recuperado su superficie, su espesor o su antigüedad.

El nuevo promedio se produce en un Ártico con menos hielo multianual y más hielo estacional. Es decir, el sistema puede estar estable en la duración de la temporada, pero en un estado mucho más frágil que el de décadas anteriores.

Una mayor variabilidad dificulta las predicciones

Cuando la duración cambia mucho de un año al siguiente, resulta más difícil anticipar las condiciones futuras con una tendencia simple.

Los promedios de largo plazo siguen siendo útiles, pero ya no alcanzan para describir lo que ocurre en cada temporada. Es necesario considerar la circulación atmosférica, las nubes, los vientos, el océano y la distribución regional del hielo.

El hielo afecta a los ecosistemas

El momento en que comienza y termina el deshielo influye sobre la vida del Ártico. La luz que atraviesa el hielo y el momento en que se abren las aguas afectan la producción de algas y otros organismos situados en la base de la red alimentaria.

A su vez, los cambios en el hielo alteran las condiciones de alimentación, reproducción y desplazamiento de especies como focas, osos polares y otras comunidades dependientes del ambiente marino congelado.

Cambian las condiciones para las comunidades humanas

La distribución y el espesor del hielo influyen sobre las rutas de navegación, la seguridad del tránsito y las actividades tradicionales de las comunidades árticas. Un hielo más delgado y más variable puede resultar más difícil de predecir y, por lo tanto, más riesgoso.

El océano abierto modifica el intercambio de energía

Cuando el hielo desaparece, el océano puede absorber más calor durante el verano y liberarlo nuevamente a la atmósfera durante el otoño y el invierno. Esto modifica las condiciones locales y puede influir en la formación de nubes, las temperaturas y la circulación atmosférica.

La pérdida de hielo también puede contribuir a cambios en patrones atmosféricos de regiones más alejadas, aunque la magnitud y la importancia de esas conexiones todavía son objeto de investigación.

Qué no permite concluir el estudio

El hallazgo tiene límites importantes.

En primer lugar, el período posterior a 2010 todavía es relativamente corto frente a una serie de más de cuatro décadas. Unos pocos años adicionales podrían confirmar que se trata de un régimen persistente o mostrar que fue una pausa antes de que regresara el alargamiento.

En segundo lugar, el promedio para todo el Ártico puede ocultar diferencias regionales. Algunas zonas pueden estar experimentando temporadas más largas mientras otras muestran cambios menores o incluso tendencias opuestas.

En tercer lugar, la estabilización de la duración no significa que todos los indicadores del hielo marino se hayan estabilizado. La superficie cubierta, el volumen, el espesor y la edad del hielo pueden seguir cambiando de maneras diferentes.

Por último, el estudio no permite afirmar que el cambio climático haya dejado de afectar al Ártico. El calentamiento global sigue siendo el contexto de fondo en el que ocurren estos cambios. Lo que se modificó es la relación entre ese calentamiento, el estado del hielo y las condiciones atmosféricas de cada año.

La posible evolución futura

La estabilización puede ser transitoria. Todavía quedan regiones al norte de Groenlandia y del archipiélago canadiense donde persiste parte del hielo más antiguo y grueso. Si ese hielo continúa adelgazándose o desaparece, el comportamiento de la temporada podría cambiar nuevamente.

También podría ocurrir que cambios en la nubosidad, los vientos, la circulación atmosférica o el calor del océano alteren el equilibrio actual. La temporada podría volver a alargarse de manera sostenida o, en determinados períodos, acortarse.

La conclusión más importante es que el Ártico parece haber entrado en una etapa diferente: no una recuperación, sino un estado con menos hielo resistente y una dependencia mayor de la variabilidad meteorológica. Para entender hacia dónde va el sistema será necesario seguir observando no solo cuántos días dura el deshielo, sino también qué tipo de hielo queda, dónde se concentra y cómo interactúa con la atmósfera y el océano.

Fuentes

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